
Los Controles de Natalidad son absolutamente necesarios para asegurar el bienestar y el desarrollo tanto de las sociedades de países en vías de desarrollo, como de aquellos pertenecientes al llamado primer mundo.
Los controles de Natalidad habrán de ser promovidos por los gobiernos para ser enseñados y alentados en las escuelas, centros de salud, y en los medios de difusión públicas con campañas suaves en los países desarrollados (con un crecimiento demográfico contenido), y agresivas (intensas) en países en vías de desarrollo.
En países desarrollados, en los que se den sectores de población que se comporten de forma desordenada (delincuencia, problemas de drogas); con exceso de natalidad (nuevos grupos de inmigrantes de países subdesarrollados); con peligro de abandono de hijos; o que sobrevivan constantemente de las ayudas del estado; habrá de aplicarse un Programa Forzoso de Anticonceptivos.
El control de la natalidad habrá de ser llevado por el gobierno, mediante las actas de nacimiento. Los médicos de los hospitales podrán alertar a las autoridades cuando se percaten de embarazos en jóvenes de muy temprana edad, o en casos de embarazos múltiples en personas de escasos recursos sociales. Será siempre un juez y los servicios sociales quienes evalúen la situación y tomen las solución pertinente, ya sea de ayudas, educación o de aplicación forzosa de anticonceptivos.
Los sistemas anticonceptivos no agresivos son muy variados en el mercado, además de existir soluciones quirúrgicas (siempre de aplicación voluntaria) como la ligadura de trompas o la vasectomía, que aplicadas eficazmente pueden ser de gran ayuda, principalmente la ligadura de trompas para la mujer en países en vías de desarrollo.
El aborto no lo considero un medio de control de natalidad válido, pues desde un punto de vista espiritual o biológico, resulta la interrupción de una vida en curso de desarrollo. Desde el primer instante en que el espermatozoide empieza a cruzar la membrana del óvulo, para unirse a este y crear un cigoto, empieza para mí la vida humana… esos instantes son mágicos.
Es imposible conseguir un modelo de crecimiento social sostenible, ni la aplicación de campañas de control de natalidad, sin que la mujer consiga un estatus social más igualitario con el hombre, donde se respete más a si misma, y sus derechos como ser humano. Es por tanto muy necesario el desarrollo social de la mujer en todos los campos.
Las mujeres deberían de empezar su etapa reproductiva tras la adolescencia, es decir ya entradas en su etapa adulta. En algunas razas o pueblos, la pubertad y adolescencia se desencadena antes, pero cuánto más se atrase la maternidad en todos estos pueblos será mejor para su desarrollo social, hasta igualarse con la de los países del primer mundo (entre los 25 y 35 años).
El número de dos o tres hijos por pareja es un número ideal que puede asegurar un buen desarrollo social, sin menoscabar la población y recursos sociales de un país.
Una pareja puede tener tantos hijos como el amor, o los deseos de vida les traigan, e incluso una madre o padre solteros pueden tener tantos hijos como deseen, mientras tengan medios para quererlos, respetarlos, educarlos y ayudarles a salir adelante con amor… con una esperanza de futuro para ellos y para la sociedad en la que viven.
Lo contrario, las reproducciones fruto de una continuada actividad sexual irresponsable, sin previsión o carencia absoluta de compromiso, no tienen porque ser sumisamente sufridas y costeadas por el resto de la sociedad.